Me gusta Madrid por imnumerables razones
pero ya no me acordaba de una de ellas que siempre me resultó,
cuanto menos muy interesante.
El contacto con extraños que se convierten
en verdaderos colegas de un sólo día.
El 13 es una fábrica de ellos.
Al 13 voy casi siempre sólo, porque no consigo
que nadie me acompañe a esas horas,
aunque cada vez más, me está gustando ir así,
sólo, porque me obliga a adentrarme en el sitio con
una predisposicióna a hablar, mezclame, conocer
a gente variopinta que se sumerge en este bar
oscuro,
para la hora a la que cierra.
Este finde, después del After eramos una tropa de al menos 20 personas
y todos nos fuimos a un bar de cañas.
Madre mía que desfase
pero a la vez,
menuda jauría de gente dispar.
El desconfiado, tinerfeño y con voz de drag,
El amigo gay de ojos verdes, defensor pero a la vez
buena gente,
Mi leona, con dos piedras en vez de ojos a los que me duele mirar.
Mi amigo el Lord inglés, que habla de los templarios para ligar, mala cosa.
Raimunda de Volver con toda su gracia y encima,
borracha y drogá. Y el pequeñito que con no se qué atrae
a las niñas que da gusto, y encima se tira a Raimunda
en todos los aseos a los que vamos.
Y la otra, encatada, vive un sueño de libertad.
No falta tampoco el típico argentino y dos o más mujeres de la
new age. Qué dominio de eso de meterse.
Pasan un sombrero para que aportemos los que
quieran drogarse. Y luego uno a uno
se van al baño de un local, que es cafetería de músicos.
Y todos tenemos algo que decir, y las horas pasan
y cada vez quedamos menos, pero más cerca.
Y al final, la seleccción natural de las horas sin dormir,
nos va reduciendo hasta un reducto de cinco superviviente,
desconocidos hacía unas horas,
pero amigos de toda la vida.
Una Directora de Logistica, me preguntó
cuando nos separamos
si tenía intención de volverlos a ver.
No sé, me imagino que no, porque,
en Madrid, somos peces en un oceano.
Que triste señaló.
Raul, Eva, Javier, Andrés, y David, unos amigos para
toda la tarde.